Cartuja: 96 141 01 75/691 466 795
Kukala: 627 581 138

LA TRADICIÓN DE LAS 12 UVAS

Con la Nochevieja a la vuelta de la esquina, todos nuestros establecimientos del Grupo La Cartuja tienen listo el elemento fundamental para empezar el 2016 con buen pie: las tradicionales uvas. Todos tenemos muy presente que en una fecha tan señalada como es el 31 de diciembre, esta fruta, no puede faltar. Comerse una uva a la vez que suena una campana hace que más de uno se atragante y reciba así el comienzo del nuevo año, pero que le vamos a hacer si es una de las pocas tradiciones que todos los españoles hacemos a la vez.

Pero, ¿por qué comemos uvas para despedir el año y recibir el siguiente? Pues bien, la tradición de celebrar las doce uvas al compás del reloj de la Puerta del Sol de Madrid nos lleva a trasladarnos a 1882 donde el alcalde de la capital dictó una tasa municipal para aquellos que quisiesen celebrar la llegada de los Reyes Magos, hecho que motivó a los madrileños a celebrar la entrada del año al son d elas campanadas de la Puerta del Sol.

En el siglo XIX había una superstición muy arraigada que decía que "comiendo uvas el día primero del año, se tendrá dinero durante todo el año".

Las familias pudientes madrileñas, que iban de viaje a París y Biarritz, en las cenas de Nochevieja acostumbraban a cenar uvas y tomar champán, tradición tomada de Francia. Por ello un sector de la sociedad que no compartía esta costumbre intentó burlarse de quienes lo hacían y decidió ante la Sede del Ministerio de la Gobernación y tomarse doce uvas al compás de las doce campanadas del reloj del edificio de la Puerta del Sol.

Poco se tardó en que las empresas le sacaran rendimiento a esta moda, insertando anuncios en los periódicos madrileños los días antes de fin de año ofreciendo las uvas de la suerte, de la felicidad, de la fortuna, milagrosas y un largo número de adjetivos que buscaban rentabilizar económicamente esta iniciativa.

Y lo que terminó de anclar esta tradición española fue un excedente en el año 1909, cuando los agricultores de Murcia y Alicante tenían demasías uvas en su producción de la temporada. ¿Y qué mejor manera de dar salida a ese producto y obtener beneficio que hacer que todos los españoles se coman un racimo el último día del año? La jugada les salió perfecta.